10. Intruso en la casa

León guarda sus manos en los bolsillos de la campera, agacha levemente la cabeza encorvando la espalda y empieza a moverse en dirección a su casa. Las veredas, todas rotas y desniveladas, lo obligan a caminar por la calle, paralelamente al cordón. Atraviesa los lugares que más concurrió en su vida: la escuela, la heladería, el supermercado, la panadería en donde su abuela le compraba las galletas marineras, la plaza principal, casas, más casas y algún que otro baldío perdido. Todo sigue igual. Sí, igual pero teñido de un triste gris avejentado.

Llega a su casa, agarra un porrón de cerveza de la heladera y decide subir a su habitación. Al atravesar el pasillo, siente que su mamá está con alguien. Escucha una voz gruesa y ronca pero no llega a entender qué le está diciendo. Se asombra porque no recuerda cuándo fue la última vez que ella llevó un hombre a su casa. Si hay algo que siempre lo tranquilizó fue que, desde que sus padres se separaron, ella se volcó cien por ciento a sus hijos y no tuvieron que verse obligados a compartirla con nadie.

Apoya la botella sobre una cómoda y hace una parada en el baño. Cierra la puerta y, cuando inicia un movimiento con sus manos para bajarse el jean, descubre que sobre el bidet hay un pantalón de vestir masculino color azul marino. Está hecho un bollo y tiene el cinturón todavía puesto pero desabrochado. Se asegura de que la puerta esté correctamente cerrada y vuelve a mirar el pantalón. Esta vez lo observa con ganas de revisarlo. ¿Y si tiene la billetera adentro? ¿Si en ella hay un documento o alguna tarjeta que le dé un poco de información?

Lo agarra con una mano y mete la otra en el bolsillo que parece estar cargado. Lo hace con cuidado y en silencio, como si alguien lo estuviera mirando. De repente, sus dedos se topan con dos superficies: una de plástico y una que parece de cuero. Vuelve a palpar la primera y enseguida nota que se trata de un envoltorio de preservativo que aún está cerrado. Deja caer el pantalón sobre el bidet. La hebilla del cinturón golpea la porcelana y hace ruido. Tira la cadena, simulando haber terminado, sale disparado en busca de su cerveza y sube a su altillo.

Su madre, sin abrir la puerta de su habitación, le pregunta si llegó borracho otra vez. León le grita que no y no se escucha más nada.

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