13. Un refugio en el cine

Piensa que lo mejor que puede hacer es encerrarse en el lugar que más seguridad le da: su altillo, y hacer lo que mejor funciona a la hora de dejar por un rato aquello que lo apena: mirar películas. Recuerda el videoclub al que lo llevaba su abuela de chico y camina hasta allí para ver si sigue en pie.

Entra y enseguida siente el olor a pochoclo húmedo que viene envasado y, a veces, teñido con colorante artificial. Se acerca a la caja y visualiza las mismas golosinas de siempre, los mismos colores de envoltorio y en el mismo orden. No entiende cómo algo puede resistirse de manera tan tajante al paso de los años, incluso aunque esa rebeldía significa volverse obsoleto y, por consecuencia, caer en bancarrota. Se inclina sobre el mostrador y apoya sus antebrazos mientras espera al vendedor. No aparece nadie. El anciano que pasaba horas sentado en una banqueta relojeando a todo el que entrase para que ningún sabandija se divirtiera intercambiando los números de las películas, no está. Ni siquiera hay rastros de su asiento.

De repente, una voz femenina, que parece estar terminando de tragar un pedazo de pan, le grita desde el fondo que espere un segundo. León deja caer su cuerpo aún más sobre el mostrador, como si el cansancio le impidiera mantenerse recto. Estira el cuello y alcanza a ver una mochila en el piso que tiene el logo de la empresa con la que fue a Bariloche para su viaje de egresados en el año 2008. Recuerda que la marca cambiaba su insignia cada año para generar algún tipo de identificación exclusiva con cada generación que la elegía.

La chica se da vuelta y encuentra los ojos de León observando sus piernas fijamente. Tose y, disimulando que no lo vió, le pregunta qué está haciendo ahí. Es Antonela, una compañera del colegio de toda la vida con la que tuvo muy poca relación pero que recuerda perfectamente. Le responde que está de visita y que, como el pueblo resultó más aburrido de lo que se acordaba, planea una maratón de cine del más clásico que encuentre.

– ¿Clásico? ¿Qué querés decir? Esto no es Buenos Aires, ¿viste? Acá lo más nuevo que entró… te puedo ofrecer alguna de Piratas del Caribe, ahorita que está en los cines la última, podés repasar la anterior, ¿no te parece? ¿Querés unos mates?

– Por clásica me refiero a directores como Capra, Hitchcock, Hawks, tipos así.

-¿De qué siglo sos? Siempre pensé que eras medio rarito, pero creo que empiezo a entender que, en realidad, naciste hace banda y que a lo mejor te pusieron en el freezer por unos años. Cómo el viejo ese que aparece en la heladera de Apu, ¿te acordás? – Se ríe a carcajadas

-Mmm… No. No sé de qué me hablás.

-¡Uy, León! ¿No mirás Los Simpsons tampoco? ¡Qué tipo! Decime… ¿Qué era lo que estabas buscando?

-¿Qué se te dio por trabajar acá?

-¿Acá? No tengo mucha opción. Mi abuelo falleció hace unos años y mis viejos quieren venderlo. Si yo me hacía cargo, se lo quedaban. Lo hago por mi abuelo, ¿me entendés?

-¿El señor de pelo blanco que nos tiraba del pelo si no rebobinábamos los VHS era tu abuelo?

Mientras charlan, León camina por entre medio de las góndolas buscando algo para llevarse a su casa.

-¡No podrías haber descrito mejor al viejo! Parecía malo, lo sé. Pero vivía diciendo que era un incomprendido y que nuestra generación iba a arruinar todo. ¡Un desactualizado! ¿Sabés la calentura que se agarró el día que le mostré que podíamos bajar las películas del Ares? ¡No abrió el local por una semana!

-Un genio, Antonela. No entendés nada.

-No me sorprende que a vos te cayera bien, León. ¿Vos entendés de cine, no? Me refiero… Cine del posta.

-Me gusta. No sé si entiendo. Pero eso intento.

-Él siente cómo la mirada de Antonela lo sigue por los pasillos aunque, conociéndola, sabe que no se despegó de la silla en la que atiende a los clientes.

-Si viveras acá, te diría que trabajes conmigo y me des una mano. En una de esas aprendo algo y el abuelo se lleva una sorpresa desde arriba.

Deja de prestar atención a la contratapa de la película que tiene en la mano y levanta la mirada para corroborar en su cara que escuchó bien.

-¿Acá? ¿Qué laburo haría? ¡Podría! Las vacaciones de invierno podrían ser suficiente para desafiar tu capacidad de aprendizaje. ¿Qué opinás?

-¿En serio? ¡Más vale! Pasame el número de esa que te tiene parado hace media hora leyendo las letras de atrás, así te la traigo del depósito.

Se va para atrás y vuelve al rato con una caja que en la tapa dice “Star System Video” en un celeste desteñido. La abre y le pregunta si es la que eligió, para asegurarse de que no estén mezcladas. León asiente con la cabeza.

-Agarrate unos caramelos y andá. Te espero el lunes a las nueve, ¿está bien?

-Dale. Nos vemos.

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