19. Cuestión de espacio

Esa noche, sueña con Micaela. Ambos están acostados en su cama. Ella, desnuda, se envuelve en la sábana como un canelón y lo destapa por completo. León sonríe y salta sobre su cuerpo haciéndole cosquillas en las axilas. Ella cierra los ojos, frunce el seño y se muerde los labios. Repite que no tendrá cosquillas si logra concentrarse mentalmente. Se muerde aún más fuerte. León continúa hasta que Micaela larga una carcajada muy fuerte que despierta a su mamá de la siesta, quien grita desde abajo preguntando si están bien.

El grito de su mamá persiste y cada vez suena más cerca. De repente, abre los ojos y la ve. Parada al costado de su cama, le pregunta si está bien. León la mira confundido. Su madre le dice que está hace un rato largo llamándolo, pero que él no reacciona. Le pide que se cambie, mientras ella termina de preparar el desayuno, y que baje. “Quiero hablarte sobre algo, hijo”.

Baja en calzoncillos, una remera y ojotas. Hace frío, pero su casa siempre está bien calefaccionada. Su madre ceba unos mates en la cocina. Después de mirar detalladamente su vestimenta, le ofrece uno y abre un paquete de galletas de avena y miel. León se sienta, se acerca a la bombilla y la mira expectante.

  • “No me es nada fácil lo que te voy a decir.”

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