22. Familia ideal

La casa de su padre no es un lugar que le guste visitar. Generalmente solo va para fechas importantes, de esas de las que no puede zafar. Vivió ahí hasta los tres años, edad en la que sus papás decidieron separarse. Es una casa antigua, de techos altos y habitaciones amplias, que ahora está habitada por su nueva esposa y el hijo que tuvo ahora, quien ya cumplió catorce, pero al que León intenta no dirigirle la palabra. Si bien sabe que el motivo de su odio no tiene que ver con él directamente, más allá de que le parece un tonto, sino que surge de la envidia que le genera ver cómo su padre lo cuida y malcría como a nadie en la familia, no lo puede controlar.

Llega diez minutos antes de lo esperado y se sienta en el escalón de la puerta de entrada, del lado de la calle, a fumar un cigarrillo hasta que se haga la hora. De repente, la camioneta azul oscuro estaciona enfrente de él y los dos Golden Retriever bajan desesperados por saltarle encima y lamerle la cara. Su padre se baja intentando disimular la renguera que le produjo el accidente y que, cree, lo hace lucir como un “viejo tonto”.

  • ¿Por qué no entraste?
  • Porque supuse que no estabas
  • Están Sofía y Agustín
  • Por eso mismo
  • Dale, levantate.

La casa luce diferente a la última vez. Cada vez que Sofía se aburre de la escenografía, opta por cambiarlo casi todo. Cambia los muebles grandes de lugar y los adornos más chicos los reemplaza por nuevos de colores opuestos. A veces se basa en libros como el del feng shui, o algo por el estilo, para que sus renovaciones atraigan buenas energías. Es una mujer joven, diez años menor que su papá, no trabaja y pasa sus días haciendo deporte con otras mujeres desempleadas, yoga con un grupo budista o simplemente paseando por el pueblo para comprar lo último que reciben los negocios. Agustín va al colegio por la mañana, al instituto de inglés después y durante lo que le queda del día se interna en su habitación para jugar a la computadora. Javier, su papá, es capitán de barco pesquero. Su profesión no es demasiada adecuada para alguien que vive en un pueblo sin agua alrededor, pero no sorprende a nadie que conozca sus incoherencias. Cada vez que se embarca, desaparece un mes. Parte hacia Buenos Aires, desde donde sale el barco, vuelve a los quince o veinte días a la Ciudad y desde allí regresa a Suárez. Su mujer brilla como nunca durante ese período.

  • ¿De qué me querías hablar?
  • De nada. ¿Yo te dije eso?
  • No, pero como me invitaste a cenar.
  • Cuánto espíritu familiar.
  • Sentate dónde quieras que mientras subo a avisarle a Sofi y a Agustín que llegaste.

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