24. Perdido

Vuelve a abrir el paquete, saca los cigarros que quedan y agarra del fondo un porro bastante aplastado. Devuelve a los otros a su lugar, guarda la caja y lo acomoda para poder prenderlo. Inhala, retiene en su garganta hasta que pica demasiado y larga. Cada pitada le quema aún más. Hace mucho que no fuma uno y su cuerpo lo sabe. Antes, gastaba tres o cuatro por noche y los mezclaba con cualquier tipo de bebida alcohólica. Prendía uno, lo bajaba entre tragos y, ni bien terminaba, volvía al tabaco. No paraba, era un intento impulsivo de llenar un vacío que cada vez era más profundo.

La sensación de relajamiento de la marihuana le recuerda a Florencia, una chica de pechos grandes en los que solía descansar cuando Micaela lo dejaba. Salía con todos los chicos del pueblo porque no sabía decir que no o simplemente le divertía. Bastaba con mandarle un mensaje y asegurarse de que estuviera libre. Vivía en la casa de su madre, quien trabajaba turno noche y le dejaba el terreno libre para que hiciera lo que quisiera. Más de una vez la encontraron durmiendo con varios chicos al mismo tiempo. A ella nadie la retaba, el problema era cuando se enteraban las madres de esos pendejos.

Cuando Sofía lo dejaba o directamente no tenía ganas de verlo, León se tomaba hasta el agua de los floreros hasta perder la noción del tiempo y aparecía en la casa de Florencia sin previo aviso. Golpeaba la puerta con fuerza y le gritaba que le abriera de una vez. A veces estaba con alguien y tenía que pedirle que se fuera al ver que León no se rendiría. Siempre se dijo que ella sentía algo especial por él, aunque estuviera con tantos, porque no dudaba en despacharlos cuándo él decidía darle bola. Entraban, seguían bebiendo y tenían sexo violento hasta quedarse dormidos. Lo despertaba su madre por teléfono con varias llamadas perdidas, para asegurarse de que su hijo estuviera vivo.

Sigue fumando y comienza a entusiasmarse con la idea de revivir aquellos momentos. Quiere tomar hasta perderse mientras Florencia o alguna otra fácil se desvista bailando torpemente al ritmo de alguna canción ordinaria de esas que pasan en bailantas. Quiere agarrarla con fuerza y obligarla a hacer todo lo que se le antoje. Piensa en Micaela y sus pretextos y más fuerte quiere zamarrearla. Saca su teléfono del bolsillo y busca el contacto de Florencia.

  • ¿Estás para mí?
  • Siempre.

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