John Mayer, bajo agua en el Hipódromo

A pesar de que se sabía que venía una tormenta potente, la presentación en Argentina de  su disco The Search for Everything en el Hipódromo de Palermo, arrancó pasadas las 21 h después de  que tocara el dúo mexicano Rodrigo y Gabriela. Esperamos bajo la luz de los reflectores, sin pantallas ni ningún tipo de decoración más que la música de fondo que nada tenía que ver con el clima del espectáculo. De repente, salió Mayer al escenario y empezó a sonar Helpless, tema con el que venía diciendo que le gustaría encabezar el repertorio de este tour. Ya desde ese momento, nos recordó lo virtuoso que es tocando la guitarra, con sus ya conocidos riffs de blues.

Desarrollado por capítulos marcados en la pantalla por un fondo negro y una tipografía clásica más bien de novela impresa, el primero fue Full Band, intercalando algunos temas nuevos y otros pertenecientes a sus álbumes anteriores y el segundo netamente Acoustic. En esta parte, Mayer enamoró a más de una, solo junto a su guitarra, tocando “Your Body Is a Wonderland” (2001).

De repente, interrumpió el repertorio para felicitarnos por la manía de cantar “Olé olé” cada vez que había silencio y mencionó que lo utilizaría cada vez que la ausencia de diálogo lo incomode. Se rió y acompañó con su guitarra el tan argentinizado canto del público.

Chapter 3, así es como introducía la pantalla, inauguró un clima totalmente diferente: John Mayer Trío (JM3). Luego de la proyección de un fragmento documental sobre cómo fue que éste se conformó junto a Steve Jordan (batería) y Pino Palladino (bajo). Luego, entre los tres, revolucionaron el ritmo y del acústico pasamos a una fiesta. El punto clave de este set fue cuando tocó una versión diferente del tema Vultures (mi favorita) parte del álbum Continuum (2006) y dejó a la vista su influencia blusera, continuando la tradición de Clapton, Stevie Ray Vaughan, entre otros. La potencia que alcanzó en ese momento era más o menos la misma que iba cobrando la tormenta, único fenómeno capaz de poner fin a semejante performance.

De los capítulos siguientes no supimos nada. Vimos como un hombre de Seguridad se llevó a Mayer adentro y, sin decirnos nada, el show se dio por terminado. El cielo se caía a pedazos y la decoración volaba por todas partes. Nosotros, sin embargo, parados en algún refugio que encontráramos, esperando que ese malestar terminara y todo volviera a la normalidad. Llegó un punto en el que era evidente el precipitado final y empezamos a caminar, entre el barro y los charcos, hasta la salida.

El público me pareció muy agradable, en su mayoría femenino, se generó una salida pacífica, más allá del temporal que nos amenazaba en el medio del descampado, en la que colaborábamos entre todos para no caernos o mojarnos lo menos posible. Mayer, para nuestra sorpresa, solo se disculpó a través de una foto en su cuenta de Instagram en la que, con cara de perro mojado, pedía disculpas y nos deseaba que llegáramos salvos a nuestras casas. ¿Raro? Sí. ¿Cómo fue que pasó de semejante show a volverse humo sin dejar rastros? No lo sé. De todos modos, nada nos quita la fascinación por su performance. Es excelente, siempre.

Es la primera vez que vivo un show interrumpido. Da pena, sí. Pero lo poco que tocó fue impresionante y la odisea de salir del hipódromo lo mejor posible, entre todos, fue una experiencia muy divertida. De estar todos juntos cantando a coro, pasamos a correr sobre el barro buscando un rincón en el que el viento pegara lo menos posible. Algunos se encerraban en los baños químicos, otros arrancaron un pedazo de media sombra y se formó un tren debajo de ésta al que iba subiendo quien se copara. El buen humor con el que se vivió todo lo hizo especial y pudimos disfrutarlo con el desastre incluido.

 Escuchá “The Search for Everything” acá.

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