Simone Veil: legalización del aborto en Francia

8 de agosto, 2018

Hace unos días estuve de vacaciones y, entre otros lugares, conocí París. En una de las tantas caminatas por esta ciudad, visité el cementerio de Montmartre y, luego de pasar por los jardines de Luxemburgo, desemboqué en el Panteón: monumento situado en el Barrio Latino, originalmente dedicado a la patrona de la ciudad y en el que hoy yacen los restos de muchos personajes ilustres de Francia.

A lo largo de un recorrido definido meramente por cercanía, las señales fueron varias: una parisina en el metro leyendo un ejemplar machucado de “Un vie” de Simone Veil mientras iba hasta el cementerio en el que luego, por casualidad, toparía con su tumba (para ese entonces ya vacía) sobre la que sus seguidores habían desplegado tapas de diarios y revistas que anunciaban lo que finalmente me esperaba: el homenaje a Veil en el Panteón y un recorrido por las diferentes etapas de su vida.

¿Quién fue esta mujer a la que Francia rendía homenaje en la famosa Place du Panthéon?

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Restos de Simone Veil junto a los de su marido, Antoine Veil, en el Panteón, París.

Sobreviviente de Auschwitz, ministra francesa y presidenta del primer Parlamento Europeo son títulos que alcanzarían por separado para que sus restos merezcan descansar junto a figuras como Victor Hugo, Marie Curie o Voltaire. Sin embargo, Simone Veil también se destacó por haber dirigido la batalla para legalizar el aborto en Francia y por haberse convertido en una de las feministas más destacadas de la época. “She fought for… women’s rights” le explicaba una de las guardias del Panteón en su inglés improvisado a una turista que no terminaba de entender por qué había tanto despliegue.

El proyecto de ley que defendió y que buscaba la legalización del aborto tenía el objetivo, en sus propias palabras, de “poner fin a una situación de desorden y de injusticia para proponer una solución apropiada y humana a uno de los problemas más difíciles de nuestros tiempos”.

“Desearía ante todo compartir con ustedes una convicción femenina: ninguna mujer recurre con alegría en su corazón al aborto. Basta con escuchar a las mujeres. Se trata siempre de un drama y siempre será un drama. Por ello, si el proyecto que aquí les presento toma en cuenta una situación de hecho existente, si admite la posibilidad de una interrupción del embarazo, es para controlarlo y, en lo posible, para disuadir a la mujer de practicarlo. ¿Quien se ocupa hoy de las mujeres que viven esa situación de angustia? La ley actual las condena no sólo al oprobio, la soledad y la vergüenza, sino también al anonimato y a la angustia de la persecución. Obligadas a esconder su condición, muy rara vez encuentran quien las escuche, las oriente o les ofrezca una protección o un apoyo. Entre quienes hoy combaten una eventual modificación de esa ley represiva, ¿cuántos se han preocupado por ayudar a esas mujeres en su desasosiego? Y más allá de lo que juzgan como una falta, ¿cuántos han sabido manifestar a las jóvenes madres solteras la comprensión y el apoyo moral que tanto necesitan?”. Veil (1975)


Algunas figuras feministas en los años posteriores reconocen su independencia moral, su protagonismo excepcional en un medio dominado por los hombres, sus aportaciones a la defensa de los derechos de los prisioneros (una condición vivida en carne propia durante la guerra) y en la causa de la emancipación femenina. Sus aliadas intelectuales feministas son numerosas, desde Simone de Beauvoir hasta Gisèle Halimi y la cineasta Marceline Loridan-Ivens, compañera de Simone en Auschwitz.

Si pensamos en aquello que tanto se teme en Argentina, la legalización del aborto en Francia demuestra que desembocó en absoluto en una masificación de dicha práctica. Al contrario, permitió reemplazar abortos clandestinos y peligrosos por abortos legales y seguros. El aborto tampoco se banalizó, ni pasó a ser un método contraceptivo más. De hecho, tiene carácter excepcional: cada mujer que desea abortar necesita pasar previamente por dos citas obligatorias con un médico, durante las cuales se otorga toda la información necesaria para poder tomar una decisión autónoma y responsable: los diferentes métodos de aborto disponibles (cirugía o medicamento), los plazos necesarios, las consecuencias físicas y psicológicas de la intervención. Las dos citas deben ser lo suficientemente espaciadas para permitir el tiempo de la reflexión (Datos: Infobae 2018).

En mi opinión, es necesario (y urgente) convertirnos en un país que deja de lado el discurso de salvar a las dos vidas, no porque no las valoremos sino porque tenemos que admitir que por negarnos a soltar una de ellas, estamos perdiendo a ambas. Tanto en Francia, como debería ser acá, el objetivo es frenar las muertes derivadas de todas las prácticas clandestinas. No es cuestión de destruir valores, sino de garantizar a las mujeres el derecho de disponer de su cuerpo y de atacar frontalmente un problema de salud pública.

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