El cambio de paradigma, en nuestras manos

Hace unos días, mirando las noticias sobre el paso del huracán Irma por Miami, me salió impulsivamente decir que no habían transmitido nada sobre cómo éste afectó a otros países como, por ejemplo, Cuba. Fue un comentario al pasar porque tampoco es que investigué a rajatabla aquellos lugares que destrozó y que los multimedios no quisieron u “olvidaron” cubrir. Cuando abro Twitter, encuentro un sinfín de reclamos por lo mismo, a los que se suman las diferentes zonas inundadas de nuestro país, tampoco reflejadas.

Es cierto que muchos de esos enojos contra los medios responden a una cuestión partidaria en la que, no importa lo que digan, siempre se los va a atacar. Esto tiene que ver con aquellas fracciones políticas opositoras que tildan de oficialistas a muchas de las empresas de medios y que, incluso, los acusan de beneficiarse exageradamente por la tan disputada pauta oficial. Este tema, esté o no en lo cierto, no va a ser parte de mi reflexión.

Sin embargo, hay algo que va más allá y que considero importante analizar. Todos los que tenemos a los medios como objeto de estudio sabemos que es algo normal que éstos hagan un exagerado recorte de la realidad y que seleccionen aquellos temas “de interés” o “de agenda” que merecen, bajo su criterio, ser transmitidos. Esto surge en respuesta a una condición plenamente humana, que impide a nuestras mentes procesar absolutamente todo lo que pasa en el mundo, a toda hora. Necesitamos ese recorte. Necesitamos conocer ciertas cosas, a través de los medios, que en carne propia no podemos experimentar ya sea por distancia o lo que fuera.

Ojo. Esto no significa que los medios sean ángeles buenos y serviciales, que realizan esta tarea bien intencionadamente para hacer nuestras vidas más fáciles y felices. Su parcialidad está y estará siempre. Tanto como en nosotros mismos, bajo nuestra inevitable subjetividad. A ésta se le suman intereses políticos y económicos. Entonces, es fundamental que nosotros, individualmente, estemos atentos a los diferentes recortes que ofrecen y que formulemos nuestras propias conclusiones.

Ahora bien, el problema al que se enfrentarán estas empresas de ahora en más, a partir del auge de las redes sociales y del inmenso abanico de información que ofrece Internet, es que los ciudadanos consumen este recorte mediático contando con información previa o paralela a la que acceden por sí solos. Entonces, sin aburrirlos mucho más… ¿Por cuánto tiempo más podrán noticieros, diarios, programas de radio o lo que fuera, mostrarnos solo aquello que quieren que sepamos?

No se trata de pensar: “Si no lo muestran, lo vamos a saber igual”, sino de “Somos consientes de todo aquello que nos quieren ocultar y, por lo tanto, de sus intenciones”.

Hoy la información la construimos nosotros. El flujo va desde el público hacia los medios. Si no me creen, observen cuánto de lo que pasan en la televisión es elaborado por ellos y cuánto es material que comparten los propios usuarios, filmados o redactados de maneras precarias. Esto se debe a dos cosas: en primer lugar, les es mucho más barato. En segundo, el público tiene sus propias herramientas y, por ende, poder.

Propongo tomar conciencia de esto y ocupar un lugar responsable: informarnos y difundir para informar. Prestar atención y debatir aquello que no nos cierre. Tener la mente abierta: no cerrarnos a lavados de cerebro, de ninguna de las dos partes.

Nada de lo que consumimos es incuestionable. Con todo esto en nuestras manos, ya podemos sentarnos a ver cómo estas empresas (y los discursos políticos) entran de a poco en un nuevo paradigma basado en la libertad y diversidad de información tan necesario para crecer como individuos y como país. ¿Qué opinan?